martes, 26 de abril de 2011

El Peatón (de Ray Bradbury)

Advertencia al lector: el siguiente texto contiene altas dosis de inadaptacion al sistema.

Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por la Luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.
El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre.
En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
-Hola, los de adentro -les murmuraba a todas las casas, de todas las aceras¾. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los ríos, las calles.
-¿Qué pasa ahora? -les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera-. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un comediante que se cae del escenario?
¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra persona que se paseara como él.
Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz.
Una voz metálica llamó:
-Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!
Mead se detuvo.
-¡Arriba las manos!
-Pero... -dijo Mead.
-¡Arriba las manos, o dispararemos!
La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
-¿Su nombre? -dijo el coche de policía con un susurro metálico.
Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres.
-Leonard Mead -dijo.
-¡Más alto!
-¡Leonard Mead!
-¿Ocupación o profesión?
-Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
-Sin profesión -dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja.
-Sí, puede ser así -dijo.
No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
-Sin profesión -dijo la voz de fonógrafo, siseando-. ¿Qué estaba haciendo afuera?
-Caminando -dijo Leonard Mead.
-¡Caminando!
-Sólo caminando ¾dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara.
-¿Caminando, sólo caminando, caminando?
-Sí, señor.
-¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
-Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
-¡Su dirección!
-Calle Saint James, once, sur.
-¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor Mead?
-Sí.
-¿Y tiene usted televisor?
-No.
-¿No?
Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
-¿Es usted casado, señor Mead?
-No.
-No es casado -dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante.
La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas.
-Nadie me quiere -dijo Leonard Mead con una sonrisa.
-¡No hable si no le preguntan!
Leonard Mead esperó en la noche fría.
-¿Sólo caminando, señor Mead?
-Sí.
-Pero no ha dicho para qué.
-Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
-¿Ha hecho esto a menudo?
-Todas las noches durante años.
El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente.
-Bueno, señor Mead -dijo el coche.
-¿Eso es todo? -preguntó Mead cortésmente.
-Sí -dijo la voz-. Acérquese. -Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par-. Entre.
-Un minuto. ¡No he hecho nada!
-Entre.
-¡Protesto!
-Señor Mead...
Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
-Entre.
Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando.
-Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... ¾dijo la voz de hierro¾. Pero...
-¿Hacia dónde me llevan?
El coche titubeó, dejó oir un débil y chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo ojos eléctricos.
-Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.
Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad.
-Mi casa -dijo Leonard Mead.
Nadie le respondió.
El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo el resto de la helada noche de noviembre.
F I N

lunes, 25 de abril de 2011

Canciones..

Canciones en tu corazón, 
te viven, te cantan,
te cuentan sus sueños, 
y desgarran tu garganta. 

Esas canciones que desgarran tu garganta, ¿Por que? Porque nos llegan, sentimos lo que el autor siente y si lo que pasas y lo que pasa en la canción es tan igual te extasías con la música y entonces encontraste al autor, esa banda  ese cantante que te conoce aunque nunca te vio, que sabe lo que sentís aunque nunca hablaron. Y te preguntas como hace, bueno es porque el también lo vivió. The music is alive!




"Aprendí a ser formal y cortés
cortándome el pelo una vez por mes,
y si me aplazó la formalidad
es que nunca me gustó la sociedad..." ♪♫
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.


Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...
Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

Hace algún tiempo en ese lugar
donde hoy los bosques se visten de espinos
se oyó la voz de un poeta gritar:
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."


Golpe a golpe, verso a verso...

Murió el poeta lejos del hogar.
Le cubre el polvo de un país vecino.
Al alejarse, le vieron llorar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."


Golpe a golpe, verso a verso...

Cuando el jilguero no puede cantar.
Cuando el poeta es un peregrino,
cuando de nada nos sirve rezar.
"Caminante no hay camino,
se hace camino al andar..."


Golpe a golpe, verso a verso...

domingo, 24 de abril de 2011

POCHO VIVE!

Advertencia: si te jugas por los demas algunos querran quitarte la vida, pero si no te jugas por los demas vos mismo te la estaras quitando.

sábado, 23 de abril de 2011

Ser Inmortal

Ser inmortal,
cambiar el mundo por un pedazo de pan,
eso es la libertad




Ser inmortal,
Rasgar de adentro la superflua mediocridad,
eso es la libertad

Ser inmortal, 
cubrir de escarcha el rocío de la humildad 
sufrir sin ira, 
ser inmortal, 
cubierto en polvo 
aún avanzar

Ser inmortal, 
la mano fuerte, 
el cielo a brillar. 
Tómate tiempo, amainará 
Dame tu mano, no has de callar 
y tenme siempre, no has de saltar.

Porque te juro, 
no hay cielo oscuro 
porque te admiro 
(y te ilumino), 
dame tu mano, 

hagamos el camino.

viernes, 22 de abril de 2011

22 de Abril - Día de la Tierra

  Hoy es 22 de Abril y el mundo nos regala una hermoso día para ser feliz. Hoy al igual que todos los 22 de abril de los últimos años, se celebra en todo el planeta el Día de la Tierra. Si nuestro hay un día para que cada persona agasaje a su propia madre, por qué no le damos un día a ella, la madre de todos, que todos los días del año se encarga de agasajarnos con su belleza y nos sustenta con todo lo que pueda brindarnos.  Cada día, los hombre nos despertamos en este mundo y admiramos sus ríos y su montañas, nos perplejamos con el mar y nos divertimos con el bosque. Por lo menos algunos de nosotros aun hacemos eso, porque mucho otros, desprecian cada cosa que nos permite ser felices. 
Cada día que pasa, nuestra madre, sufre atrocidades de la mano de sus propios hijos, y esto debe dejar de suceder, por el bien de todos. Con este objetivo fue creado el Día de la Tierra, para recordar que a cada persona que el bienestar de nuestro planeta (y por ende, el de nuestras propias vidas) DEPENDE EXCLUSIVAMENTE DE CADA UNO DE NOSOTROS. 


Acá les dejo una nota que saque de esta página para que todos sepan un poco más de donde viene todo esto y cual es el objetivo.


"Día Mundial de la Tierra, se celebra todos los años el día 22 de abril. Todo comenzó en 1970, gracias al senador y activista ambiental estadounidense Gaylord Nelson, quien impulsó este festejo para crear conciencia con respecto a la contaminación, y los problemas que acarrea, la conservación de la biodiversidad y toda temática que influya en la protección de la Tierra.
Debido a la toma de conciencia por parte de la sociedad a nivel mundial, el gobierno estadounidense creó la Environmental Protection Agency (Agencia de Protección Ambiental) y un conjunto de leyes para la protección del medio ambiente.

Vale destacar que el Día de la Tierra es una celebración que pertenece a la gente; no está regulada por ninguna entidad ni organismo, y no tiene ningún tipo de relación con la política, la religión, con alguna nación en especial, ni ningún tipo de ideología, más que amar a nuestra propia casa: el planeta tierra.
En esta fecha tan especial para todo el mundo se realizan diversas actividades, para hacer tomar conciencia sobre el mundo en que vivimos: esto es, respetar la importancia de los recursos naturales, a través de la educación ambiental. Porque lo que se quiere lograr que todos seamos seres responsables con nuestro hogar.
¿Cómo ser un ciudadano responsable? Predicando con el ejemplo. Aquí veremos simples pasos que todos podemos llevar a cabo -en casa, la oficina, nuestro barrio, etc.-, para cuidar la Tierra.
Por ejemplo: evitar hacer ruidos molestos, ahorrar agua, electricidad, generar menos basura, informarse (cuando se compra un producto: sea ropa, comida, electrodomésticos, productos de limpiezas, etc.) cuál no daña al medio ambiente (eso se lee en su etiqueta).
Se recomienda, además, poder reciclar y reutilizar  todo lo que sea posible; de esta manera, se consume menos materia prima y se genera menos basura. En cuanto al auto, elegir gasolina sin plomo (no contribuye al calentamiento global). Por último, infórmese lo más que pueda, tener conocimientos es una buena forma de no hacer cosas incorrectas."

jueves, 21 de abril de 2011

Índigo - Rata Blanca

Es difícil entender si son los otros o soy yo
que aunque ponga voluntad yo no le veo solución
nunca seré parte del juego, vas a salir a respirar...

Ohhh....
Indigo soy...quién eres tú?
Indigo soy....oh no...

Cómo puedo razonar si todos pierden la razón
dónde está la comprensión
cuando no encajo en tu visión
y un arsenal de instituciones
para vaciar tu corazón...

Ohhh....
Indigo soy...quién eres tú?
Indigo soy....oh no...

Cuánto tiempo esperaré para ganar mi libertad
Sólo espero que al final
alguien me muestre una verdad
compréndeme mi alma es distinta
entiéndeme debo volar....

Ohhh....
Indigo soy...quién eres tú?
Indigo soy....oh no...