sábado, 30 de abril de 2011

Las Astillas del Alma

alguna vez miraron a su alrededor y vieron cosas conocidas? miren su cuarto o alguna habitacion en su casa, cuantas cosas d ahí son suyas? pero no hablo de cuantas de cosas compraron por comprar, sino cuantas cosas de ahi son realmente suyas. cuántas cosas fueron hechas por sus propias manos y cuántas otras traen una historia entre sus lados? en cuantos de esos objetos ven reflejados sus vidas, sus recuerdos, sus almas? levanto la vista. la repisa q hice en la escuela mientras jugaba con mis amigos. la estantería que creé de una heladera que ya no andaba, un día frío junto a mi hermano pequeño. el mixer de juguete que me regalaron mi cumpleaños 18. aquel equipo de música que reprodujo las canciones de folklore de mi hermana mayor, las cumbias de mi otra hermana y q ahora reproduce mi rock. todavía recuerdo cuando lo trajeron. todo está impregnado de mi energía, de mi alma, de mi alma y de las de mis seres queridos. todo lo material que veo, tiene astillas d almas que brillan, que titilan, que me reconfortan. pero si el alma brilla de esta manera cuando se encuentra en estas cosas materiales, no me imagino el brillo de aquella sonrisa de complicidad, o de esa busqueda con la mirada para decir palabras insonoras, de ese abrazo, de esa caricia, de esa frase. alguna vez se pusieron a pensar en el peso de las palabras, de cada uno de los gestos? en lo poderos que es uno al decir o no, cierta cosas? en lo fácil que sería alterar el rumbo de la historia con cambiar un gesto de repudio por uno de amabilidad?
piensen la luz que tiene el arte. cuántas veces, al ver, al escuchar, o al leer algo, nos sentimos tocados para siempre. cuántas horas perdimos recordamos una y otra vez una novela emocionante, tarareando canciones q nos llenaban, trayendo otra vez a nosotros esas texturas que nos envolvieron al ver esa imagen, ese cuadro. ahí no solo hay artillas del alma una persona, sino, todo un brillo. un brillo que cada uno llevara con sigo siempre, siempre que no olvide. y por eso siempre recuerdo.
soy tan feliz viendo cada uno de esos brillos. su luz me llena y m hace sonreír. cada vez q veo esas astillas en lo material y recuerdo esos faros en la memoria, mi alma es feliz, y brilla...
entonces pienso, yo tambien tengo ese poder? mi luz será llevada por alguien mas el resto de su vida? cuántas personas recordarán aquel cuento que narré? cuántas personas pensarán en las lágrimas que derramá al escribir y que cayeron al leer? mi alma tiene ese brillo? solo quiero que los demás sean felices, y por eso intentaré brillar con todo mi esplendor, dejando astillas de mi alma por doquier. y no importa si no son lo suficientemente incandescentes, o completamente eternas. no sé si mi alma bastará para esto, pero aún así, no dejaré de intentarlo. aunque mi luz sea efímera y opaca, no dejaré de destellar para que tu alma sonría...

las almas brillarán para un nuevo sol crear...

viernes, 29 de abril de 2011

Unas palabras sobre el anarquismo

Advertencia: lean lo que dice la advertencia que tiene el blog sobre este autor al final de la pagina y no digan que no se los adverti.

No utilizare estas lineas para contar la historia del movimiento anarquista, con sus victorias, fracasos y desviasiones, aunque eso seria muy interesante y probablemente lo haga en otra oportunidad.
Utilizare estas lineas para reivindicar al movimiento revolucionario mas criticado y desvirtuado por las ideologias opositoras y para mostrar como algunas de esas censuras al movimiento libertario por exelencia siguen siendo utilizadas en el discurso cotidiano de las personas.
Fundamentalmente este texto surge de un comentario que hizo una de las profesoras de la catedra nucleo socio-cultural. No esperen encontrar un comentario que sea a priori reaccionario, sino mas bien un comentario que muchos de nosotros habremos hecho (me incluyo) sin tomar total dimension de lo que estabamos diciendo.
El comentario fue mas o menos este: "en las clases que tengo en colegios secundarios algunos chicos dicen que no van a votar, que van a votar en blanco, porque los politicos son todos corruptos, es lamentable que los chicos piensen asi, pero ese es el discurso que traen de su casa y yo tengo que cambiarlo".
Ciertamente no es la frase exacta, pero es mas o menos la idea. ¿Cual es el problema? se preguntaran ustedes. El problema es el siguiente, esta frase tiene una carga ideologica, probablemente inconciente, muy grande. Les dire porque: seamos sinceros, los politicos son corruptos, no se si todos, pero muchos, sin embargo ese no es el punto, no importa que los politicos sean o no corruptos porque aunque no lo fueran no tendrian mas legitimacion que el dinero que manejan sus partidos ya que no se ha conocido a un politico que gane elecciones sin dinero. Ademas, ¿porque unos pocos pueden decidir sobre muchos?, en los parlamentos no estamos todos representados de igual manera, generalmente las corporaciones tienen mucha mas representacion que el pueblo. Por tanto: ¿porque vamos a votarlos y a darles de ese modo legitimidad? ¿porque vamos a darle a esa gente le vamos a dar el poder?
Repito, muchas veces yo reproduje ese discurso, pero ya no lo hare. Votar es legitimar a un sistema que considero injusto. Al menos votar a los partidos tradicionales es eso. Obviamente no alcanza con no votar, el no votar tiene que estar acompañado de la militancia, de una busqueda de la libertad real. Que no nos digan que a pesar de que los politicos son corruptos tenemos que votar... Acompañemos el no votar con una militancia libertaria, que cambie desde abajo al sistema, que nadie se arrodille, que nadie agache la cabeza, que nadie acepte como normal no tener para comer, o una buena casa para vivir, o un abrigo para el invierno... ¿porque unos pocos, llenos de dinero y rodeados de corruptos, pueden decidir el destino de muchos?... ¿es esta democracia una verdadera libertad?...

El proximo domingo conmemoraremos el dia del trabajador. Los martires de chicago a quienes recordamos en ese dia eran obreros anarquistas. El anarquismo lucho contra las dos clases sociales que oprimen al hombre: la burguesia y el estado. Les dejo un video que cuenta brevemente la historia del primero de mayo:



Para terminar, una vez encontre una pared que decia:

"EL PUEBLO LIBRE NO VOTA, GOBIERNA"

buenas tardes.

Whatever - Oasis :D

I'm free to be whatever I
Whatever I choose
And I'll sing the blues if I want
Soy libre de ser lo que sea
Lo que sea que yo elija
Y cantaré los blues que yo quiera

 
I'm free to say whatever I
Whatever I like
If it's wrong or right it's alright
Soy libre de decir lo que sea
Lo que sea que quiera
Si esta equivocado o correcto está bien

 
Always seems to me
You only see what people want you to see
How long's it gonna be
Before we get on the bus
And cause no fuss
Get a grip on yourself
It don't cost much
Para mi, siempre parece que
Tu solo ves lo que la gente quiere que veas
Cuánto tiempo será así
Antes de que subamos al autobús
Sin causar escándalos
Conseguir estar en aprietos por ti mismo
No cuesta mucho

 
Free to say whatever you
Whatever you say
If it comes my way it's alright
Libre de decir lo que sea
Lo que sea que digas
Si viene mi manera está bien

 
You're free to be wherever you
Wherever you please
You can shoot the breeze if you want
Eres libre de ser lo que quieras
Lo que sea que te plazca
Puedes dispararle a la brisa si quieres

 
It always seems to me
You only see what people want you to see
How long's it gonna be
Before we get on the bus
And cause no fuss
Get a grip on yourself
It don't cost much
Para mi, siempre parece que
Tu solo ves lo que la gente quiere que veas
Cuánto tiempo será así
Antes de que subamos al autobús
Sin causar escándalos
Conseguir estar en aprietos por ti mismo
No cuesta mucho

 
I'm free to be whatever I
Whatever I choose
And I'll sing the blues if I want
Soy libre de ser lo que sea
Lo que sea que yo elija
Y cantaré los blues que yo quiera

 
Here in my mind
You know you might find
Something that you
You thought you once knew
But now it's all gone
And you know it's no fun
And I know it's no fun
Yeah I know it's no fun
Aquí en mi mente
Sabes que quizá encuentres
Algo que tu
Creías que alguna vez supiste
Pero ahora todo se ha ido
Y sabes que no es divertido
Y se que no es divertido
Si, se que no es divertido

 
I'm free to be whatever I
Whatever I choose
And I'll sing the blues if I want
I'm free to be whatever I
Whatever I choose
And I'll sing the blues if I want
Soy libre de ser lo que sea
Lo que sea que yo elija
Y cantaré los blues que yo quiera
Soy libre de ser lo que sea
Lo que sea que yo elija
Y cantaré los blues que yo quiera

 
Whatever you do
Whatever you say
Yeah I know it's alright
Whatever you do
Whatever you say
Yeah I know it's alright

Lo que sea que hagas
Lo que sea que digas
Si, yo se que está bien
Lo que sea que hagas
Lo que sea que digas
Si, yo se que está bien

La Historia de Lilith

Génesis 1 27. "Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; lo creó a la imagen de Dios, los creó varón y mujer.
28. Y los bendijo, (…)."
El varón se llamó Adán y la mujer Lilith (según consta en la literatura hebrea). Lilith, la primera esposa de Adán estaba hecha con "arcilla del suelo", igual que él. Era hermosa, vital, inquieta, inquisitiva… libre… y no disimulaba su risa cuando Adán, todavía un novato en esto de estar en el Paraíso, se equivocaba. La mirada divertida y burlona de Lilith lo desconcertaba. ¿Cómo se podía reir de él, que estaba hecho a imagen y semejanza de Dios y Dios era perfecto y todo lo hacía bien?
Los primeros tiempos, Adán estaba entusiasmado con esta mujer, que representaba todo un desafío. Pero después se cansó de tener que reflexionar con ella, negociar y llegar a acuerdos en los que en ocasiones, según él, "salía perdiendo"… además ella no quería estar siempre "abajo", sabía lo que quería y pedía lo que tenía ganas. Era muy demandante.
Fue por esa época que él se tomó muy en serio lo de "dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los seres vivientes que se mueven en la tierra", y comenzó a dar órdenes que Lilith prolijamente no cumplía. Desalentado visitaba a Dios y le contaba sus tribulaciones. El Creador, cansado de tantos lamentos, habló con Lilith:
"Adán es un buen muchacho, mirá que paciencia que te tiene, ¿dónde vas a encontrar otro? Mejor hacele caso."
¿Hacerle caso? ¿Subordinarse a ese "buen muchacho" incapaz de entender que eran diferentes, pero que eso no significaba ser mejor o peor, reacio a aceptar una convivencia sin jerarquías, en un plano de igualdad? No, decididamente NO. Habían sido creados el mismo día y de la misma manera, por lo tanto tenían los mismos derechos, argumentó y se fue a nadar despreocupada en la cascada, exhalando a su paso un aroma a hierbas y musgo que hizo suspirar al creador. Indudablemente la "rebeldía" tenía su encanto.
Un día, cansada de los lloriqueos de Adán y de las presiones de Dios, decidió que el Paraíso no tenía nada de maravilloso y se fue. Así de simple, sin sentir una pizca de remordimiento o de culpa. El pecado todavía no existía. Cuentan que le dejó todo a Adán, no se llevó ni una hoja de parra. Su desnudez la hacía sentir hermosa y fuerte.
Dios respiró aliviado creyendo que habían acabado todos los problemas, pero no. Adán estaba insoportable: a pesar de toda su cacareada autosuficiencia, la soledad le pesaba. Ya nadie aplaudía lo que hacía, ni le daba las gracias, ni… Ni las sumisas ovejas, ni las juguetonas cabras podían compararse con Lilith. ¡Realmente cómo se habían divertido!
La tristeza de Adán conmovió al Creador… además, quería sacarselo de encima; había que reconocer que, sin una mujer, se ponía muy fastidioso. Entonces, decidió darle una compañera menos "independiente".
Génesis 1 18. Después dijo el Señor Dios: "No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada". (…), con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre.
23. El hombre exclamó: ¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!
Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre".
Lo que sigue es historia conocida.
Esto es un "cuentito" que van a poder encontrar en muchar paginas si buscan sobre lilith. no dice mucho, pero es un buen resumen del principio xD si quieren saber un poco mas para por aca  http://lilitha.com/lilith/Lilithsegun.htm

jueves, 28 de abril de 2011

La vida


La vida bella, la vida pura. Qué es vivir, es la locura. Qué sentido tiene el sentido si no está el caos en el camino. La vida es la felicidad, y no su búsqueda. Pero dónde está la vida? ¿Dónde? La vida está en las estrellas siempre eternas, y está en las nubes, que formas crean. Está un poco en el susurro de los arboles, y otro poco en la danza sin fin de las luciérnagas. La vida está en las hadas y los duendes, en los dragones y los héroes, porque allí donde la imaginación reine, la vida estará presente. Está  en cada canción sin idioma y en cada palabra liberadora. Está en ese abrazo sincero y en aquel beso deseado. Está en cada color y en cada olor, en cada sonido y cada sabor, está en la piel que vestimos hoy. Y está la vida, la vida que está en el todo y está en la nada. Aquella vida, que no hay sin esperanzas. Y aquí estamos nosotros, viendo como el tiempo se nos escapa.

miércoles, 27 de abril de 2011

Juan López y John Ward

Advertencia: hoy no hay advertencia, pensemos en una de las cosas tristes e incomprensibles de nuestra historia y de nuestro presente con este poema de Borges, que habla no solo de Malvinas.


Les tocó en suerte una época extraña.
El planeta había sido parcelado en
distintos países, cada uno provisto de lealtades,
de queridas memorias, de un pasado
sin duda heroico, de derechos, de agravios,
de una mitología peculiar, de próceres de
bronce, de aniversarios, de demagogos y de
símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos,
auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al
río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad
por la que caminó Father Brown.
Había estudiado castellano para leer
el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que
le había sido revelado en un aula
de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron
una sola vez cara a cara, en unas
islas demasiado famosas, y cada
uno de los dos fue Caín,
y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve
y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en
un tiempo que no podemos entender.


Jorge Luis Borges, 1985

martes, 26 de abril de 2011

El Peatón (de Ray Bradbury)

Advertencia al lector: el siguiente texto contiene altas dosis de inadaptacion al sistema.

Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por la Luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.
El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre.
En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
-Hola, los de adentro -les murmuraba a todas las casas, de todas las aceras¾. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los ríos, las calles.
-¿Qué pasa ahora? -les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera-. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un comediante que se cae del escenario?
¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra persona que se paseara como él.
Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz.
Una voz metálica llamó:
-Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!
Mead se detuvo.
-¡Arriba las manos!
-Pero... -dijo Mead.
-¡Arriba las manos, o dispararemos!
La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
-¿Su nombre? -dijo el coche de policía con un susurro metálico.
Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres.
-Leonard Mead -dijo.
-¡Más alto!
-¡Leonard Mead!
-¿Ocupación o profesión?
-Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
-Sin profesión -dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja.
-Sí, puede ser así -dijo.
No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
-Sin profesión -dijo la voz de fonógrafo, siseando-. ¿Qué estaba haciendo afuera?
-Caminando -dijo Leonard Mead.
-¡Caminando!
-Sólo caminando ¾dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara.
-¿Caminando, sólo caminando, caminando?
-Sí, señor.
-¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
-Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
-¡Su dirección!
-Calle Saint James, once, sur.
-¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor Mead?
-Sí.
-¿Y tiene usted televisor?
-No.
-¿No?
Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
-¿Es usted casado, señor Mead?
-No.
-No es casado -dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante.
La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas.
-Nadie me quiere -dijo Leonard Mead con una sonrisa.
-¡No hable si no le preguntan!
Leonard Mead esperó en la noche fría.
-¿Sólo caminando, señor Mead?
-Sí.
-Pero no ha dicho para qué.
-Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
-¿Ha hecho esto a menudo?
-Todas las noches durante años.
El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente.
-Bueno, señor Mead -dijo el coche.
-¿Eso es todo? -preguntó Mead cortésmente.
-Sí -dijo la voz-. Acérquese. -Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par-. Entre.
-Un minuto. ¡No he hecho nada!
-Entre.
-¡Protesto!
-Señor Mead...
Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
-Entre.
Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando.
-Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... ¾dijo la voz de hierro¾. Pero...
-¿Hacia dónde me llevan?
El coche titubeó, dejó oir un débil y chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo ojos eléctricos.
-Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.
Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad.
-Mi casa -dijo Leonard Mead.
Nadie le respondió.
El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo el resto de la helada noche de noviembre.
F I N