domingo, 8 de mayo de 2011

Dolina y Noble

Advertencia: refutadores de leyendas abstenerse.

Me garua finito, se me pone blandito, mi novia se fue con su novia, se me cierran los bares, se me enmierdan los planes, no me sale una puta cancion. Por eso recurro a Alejandro y a mi tocayo para el post de hoy. Se trata ni mas ni menos que de lo siguiente:

Momento escrito:
14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbres de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por las víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. Es el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".

Momento musical:


Buenas tardes.